Justo le dije que ya no escribía. Y era verdad. No escribía porque no tenía nada que decir. Pero eso no era verdaderamente real. En realidad, tenía tanto que decir que todo se bloqueaba por momentos, como una presa bajo autocoacción. Yo le quería decir lo real, mi real realidad, pero me dejaba obnubilar por contingencias banales, como si eso fuese lo verdadero. Pero ella abrió la compuerta. Y ya todo fue irremediable. Entonces me di cuenta, o no, del supuesto engaño. O de la realidad aceptada. Pero mi yo temblaba totalmente. Y la risa y el llanto se entremezclaban en la mente. Pero tú te ibas con toda una historia anexa que nos distanciaba, y mis labios se sellaban por inercias que no le eran propias. No, no volveré a tropezar con la misma piedra. Pero la misma piedra brillaba con tal intensidad que hacía dibujar universos posibles. Universos que podrían ser nuestros. ¿Cuántas veces puede romperse un corazón y salir indemne de ello?
Acabo de abrir una botella de vino que reservaba para una ocasión especial. Esto no sé si es una ocasión especial. Pero brindo por ello porque puede que esa ocasión se convierta en vinagre o que pase desapercibida. Brindo por mi, porque querer vivir de amor en tiempos de hambre se hace a veces demasiado insoportable y me empujo a sobrevivirlo.
Despojarse de la piel. Para verse afectado antes debemos ser vulnerables. Siendo vulnerables tenemos el poder de la debilidad, que no es poco. Sólo así somos ante nosotros, que no es fácil. Desnudarse de esa infinidad de filtros, de esa retahíla de estratos autoimpuestos que nos cohíben. Luego sólo queda no arrepentirse.
¿Cuándo sabes que es el momento, que es el momento del fin de algo? Cuando empiezas las cosas sabiendo que acaban no te dejas verte proyectado y parece que, pase lo que pase, lo estás avocando todo desde el inicio. No lo sé. Quizás sólo son las ganas de que funcione lo que vale la pena después de todo. Hasta que ya ni eso sirva. Luego sólo queda no arrepentirse.
Y volveré a empezar y terminar. Sin arrepentirme.
¡Salud!
“Embriagaos, de vino, de poesía o de virtud”
martes 6 de octubre de 2009
Movimiento bipolar. Del filo de la cuchilla al filo del pétalo de flor. Aprieto fuerte los dientes. Las cosas se suceden sin quererlo. Me acabo de ver por la televisión y no me reconocía. Pero esto sigue. Y ahora Mogwai suena muy fuerte y mis dedos dudan ante cada tecla. Escribo para los que nunca me leerán pero para ser leída. Ellos, mis progenitores, jamás sabrán lo que fui sino a base de esto, de todo lo público. Y aún así como nunca llegarán, nunca lo sabrán. Me tuvieron entre los brazos, me tuvieron rondando entre las piernas y entre las habitaciones vacías, pero nunca me tuvieron realmente. Ni yo a ellos, pese a tenerlos entres mis gotas de sangre, entre mis genes. Y eso me subleva, y eso hace que se me nuble la vista. Y me vuelve el desamparo, como cuando era pequeña e iba con mis notas inmejorables, sin quererlo, esperando una mirada de orgullo, o al menos, una mirada. Pero no había nada.
Sigo ahí como esperando reconocerme en algo que no es, ni será, algo que yo misma debería sublimar. Pero algo brilla como de lejos. Como un pequeño brillante cubierto entre la falsa arena. Sí, creo, creo que es el giro que se aviene, que se esperaba. Pero me puede el ensueño del etilismo, y por eso escribo y pongo la música muy fuerte en mis oídos, para creerme todo esto y para escribir de manera automática y sin sentido, como siempre hago. Pero de algo me sirve, aunque nadie lo lea. Como esperando creerme a mi misma.
Foto prestada de: http://www.flickr.com/photos/jaquemate/369368298/
miércoles 23 de septiembre de 2009
Y llega. Y llega el momento, que tras la muerte figurada, tras pensarse en la nada, decides seguir adelante. No es más que una inercia obligada hasta que algo suceda. No por magia, obviamente, requiere de un esfuerzo masivo y casi confluyente con el mundo. A momentos casi puedo sentirlo. Salir de una clase sobre Artaud me hace pensar que no soy la única - no es algo sobre lo que dudase en ningún momento- que sufre. Algo como un dolor inherente a la vida. Pero no como mártir (siempre he odiado esa posición, demasiados santos ha habido en la historia). No. Es cómo antes algo comentado y elucubrado. Ahora escucho Smashing Pumpkins y me trae a tiempo atrás, y ver que siguen, me da como un algo. Acompaña en esta maldita soledad de estar a descompás con uno mismo. Porque no es más que eso, una des-sincronización para con uno mismo. Y todo se tambalea - sí, las copas de más también lo hace, pero de lo que hablo es de otra cosa- y pierdes el norte y el sur, el este y el oeste. Y la diferencia entre dormir o seguir mareas no se distingue, y piensas que tu aportación al mundo es casi como un anuncio televisivo, que puede hacer caer a alguien o pasar desapercibido como un guiño, un suspiro. Te hace pensar si esa forma de "de hacer vivir la vida" ( y sí, lo pongo entre comillas no como cita si no recalcando esa doble forma de la frase) vale la pena. Es decir, de si ese despertar y repetir una serie de acciones concatenadas con aparente sentido coherente tiene congruencia en sí. O si al menos, tiene algún tipo de aportación hacia mi persona. Y todo esto es sumanente dudoso. Puedo seguirlo, lo sé. Igual que puedo aprobar, como he hecho, casi un curso de filosofía con ponerme una semana sin pasar por clase. Pero eso no le da valor, es no le hace más interesante o más importante. Eso no suaviza todo lo demás. casi lo acrecienta. Igual estoy maldita, igual me he creado una desdicha de la que no puedo desdecirme. Yo no he sido siempre así, pero puede que me haya enturbiado haciendo remarcar todo este melodrama o puede que, a veces, así no se diera. Ya dudo de quién he sido y quien soy, Y eso, irremediablemente, me lleva al concepto de locura. Sí. Locura. Pasada la ansiedad adolescente, pasada la supuesta inestabilidad de "esos años de ubicación", veo que aún sigo sin casa. ¿Y entonces? ¿Sigo en la inmadurez precaria y vulnerable que perece en busca de Peter Pan o es que me perdí hace tanto que es tan irreconciliable mi encuentro con mi propio yo, que me perdí en el camino y ahora divago en un ser que no es ni mi propio ser? Sólo de pensarlo, creo que enloquezco de verdad. Ahora prefiero no pensar, por si acaso. Por si acaso.
Anoche, entre insomnios y palabras dirigidas a mi misma, me di cuenta de mi desarraigo, o más bien, la raíz del mismo. Esa sensación de anexo que me persigue, que me hace sentir como ahora me siento. Ninguna mujer podrá paliar ese abrazo, ningún hombre. Nadie podrá abrazarme como la gran mano que acoge a un niño. Esa es mi pena. Porque yo, la única que podría paliarlo, la única que debe y puede superar ese hiato que hay en mi misma, no sabe soldarlo. Ese es mi dolor. El mío no es de otra vida ni de otra persona, es de ésta, es de mi. Buscaba en otros cuerpos lo que no puedo reconciliar conmigo misma. Seguía las normas de un juego, que no es el mío. No, para mi la vida es mucho más que esto. Y por ello, me niego a seguir la inercia. Es una carta de suicidio o una carta de renacer. En este momento, en este maldito momento, no puedo ser más sincera conmigo, ni con vosotros. Igual, no puedo ser más yo. Igual mi "yo" no es más que un fraude. Algo que podría haber brillado pero no ha sabido cómo. Algo que en realidad no ha sido nada. O igual todo lo contrario, y no lo he sabido ver. Ahora no importa. Al menos, a mi no me importa. Estoy cansada demasiado pronto.