miércoles, 9 de noviembre de 2016

C....

No sé quién soy
cuando soy
yo.

¿Quién soy?
¿Cuándo?
¿Soy yo?

La Venus fálica castrada.

Acallar(se)
hasta el absoluto mutismo.

Y rechinar,
rechinar,
rechinarrompiendolosdientes
enpedazosdiminutos.

CRICK
CRICK
CRICK

-lima-
-lima-
-lima-

CRICK
CRICK
CRICK

-lima-
-lima-
-lima-

Escupo.

Rechinar de tendones
de ligamentos
de huesos.

CRICK
CRICK
CRICK

Todo
va
a
romperse/te.

Se cruje la tensión
sin distensión
sin resguardo
sin salida.

¡CRACK!

La fractura va a ser
irreconciliable.
El yo fragmentado,
y los yoes
revoloteando
perdidos
disminuidos y tristes.

Entrechocándose
ensordecedoramente.
Ya lo decía el refrán:
Después del silencio
llega el ruido.

CRICKCRICKCRACKPUMBAKUM

Pensamiento atómico.

Luego
de nuevo,
sssssssilencio.
Todo ha muerto
y vuelto.

¿Quién soy?


viernes, 22 de enero de 2016

La vida es mucho más que todo esto.

Me gustaría poder dejar de hablar de mi, crear una ficción que embelesara (o todo lo contrario).

2016


El año pasado fue el año del trabajo, de acabar cosas que se postergaban como lastres que no querían desatarse. Fue el año de no pensar demasiado, de actuar por inercias ya iniciadas. De labrar, de roer, de casi extinguirse. El año pasado fue un año muy duro - en todos lo sentidos - pero ya ha pasado. Este año es el de recogida, el de asentarse, el de decir que no a muchas cosas por las que se han pasado y sí a las que han de pasar. Crear un hogar, renovar buenos hábitos, iniciar nuevos proyectos. Es el año de reconocerse y también de recompensarse. Es el año de la música. No todo puede ser a cada vez. 

jueves, 17 de diciembre de 2015

Comienzos



Virginia Wolf hablaba de un cuarto propio. Pero eso no lo es todo. El cuarto no sostiene todo lo demás. Todo lo demás en este tiempo convulso. El cuarto propio debe poder sostenerse. Por suerte, y no quiero cantar victoria, el trabajo - aunque no sea el propio - tiene recompensa. Se atisba un 2016 de cambios, de recolecta. Porque este 2015 ha sido demasiado labrado. No me quejo, no.  Asevero. Y por fin, me creo, digo, que me lo merezco. Voy a poder dar paso más. O eso espero. En todos los ámbitos. Puedo decir que estoy orgullosa. Puedo decir que me lo he ganado.Pero, como siempre, aún queda todo lo demás. Y espero tener el tiempo de respirar para poder reportarlo. Exportarlo.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Melody day



Salir del metro como de la boca del lobo, como del infierno que se apodera de Barcelona. Llegar a casa como Cenicienta. Sin carroza y sin ratones que se escabullan, pero con un gran ensayo, con un ensayo memorable. Tras esta semana - ¡otra más! - eterna de hastiado trabajo y otras vicisitudes. Encontrarse con las seis y también, de nuevo, con las otras cuatro. Las cuerdas, sí, y ellas dos. Casi la misma sangre. O quizás mucho más que eso. Una fisura en el tiempo y en el espacio. Una obertura en esta ciudad. En esta ciudad en la que me empezaba a ahogar pero a la que Bolaño y la música empiezan a dar un respiro. Sí, crear es tan necesario como reír. Y como llorar, también. Como todas las expresiones posibles. Como a todo a lo que podemos estar abiertos. Y expuestos. Envidio a Arturo Belano en su vida errante y errada, sin sentido pero sentida. Igual no se diferencia tanto, pero la ficción engrandece. Aunque no sea ficción. Me imaginaba con diez años menos, cuando deambulaba por la Comtal como quien se encontraba en cada pérdida. Sin mapa pero con rumbo fijo. Todo se hallaba. Los sitios, las personas, los huecos. Bolaño, el chileno, dice, decía: “La vida está llena de problemas, aunque en Barcelona, en aquellos años, la vida era maravillosa y a los problemas les llamábamos sorpresas”. No recuerdo el momento en que dejé de pensar en los hechos como sorpresas. Es un poco todo eso de cuando dejamos de ser niños, ¿no? No, creo que es otra desilusión. Pero vuelven las ganas de callejear con unos cuantos libros debajo de un brazo y una libreta debajo del otro. Eso no es desilusión. Eso es reversión. Vuelven las ganas de hablar hasta el amanecer de vino, de poesía o de virtud. De dejarse llevar, de serseparaunoyconlosotrosenlamúsica aunque suene demasiado cursi. Igual es el momento de serlo. En realidad nunca ha dejado de serlo. Pero a veces nos apaciguamos, nos dejamos llevar por las aparentes necesidades tan realmente innecesarias y nos perdemos las sublimes contingencias. Somos muy cobardes. O muy ineptos. O las dos cosas, que es peor. Y de golpe viene el ansia. El ansia de vida y de todo lo que lleva detrás. Lo bueno y lo malo. AHG. No, hay cosas que no van a cambiar. Ese ansia que a veces lo devora todo. El todo y la nada en una línea. Y también te echo de menos, sí. En casi todos los aspectos. Pero de un modo más lejano. Casi como lejana estás tú. No apacible, pero apaciguada. De momento. Pero eso lo dejamos para otro día. 

sábado, 5 de septiembre de 2015

Desvaríos

Justamente el blanco. El blanco en los dientes. En realidad no sé porqué escribí eso. ¿Qué blanco? ¿Qué dientes? La enajenación de la noche. El sin sentido de la vida. Me sentía Belano, Arturo Belano. La furgoneta rebosando música y yo atrás sin sentir la conversación. No importa. El golpe de pecho como un impulso. Sentir todo eso que leía pero de otra manera. Sí, la intensidad me va a matar. De pena o de locura. Igual más de locura. Adentrarse en la literatura y alejarse de todo lo demás. Ahora me ha venido. Ahora caigo, joder, era el blanco de sus dientes mientras me hablaba. Mientras hablábamos de ella. Eran sus dientes, pequeños y afilados, como de leche, como de una niña pequeña. Pero ella no lo es. Es mayor que yo y se resiente. En realidad no, en realidad todo eso ya ha pasado, por suerte. Y también por suerte la mía. Y ahora aquí sola con toda la montaña. La montaña que es arena. Que al final es polvo. Pregúntale al polvo, ¿no? Ay Bandini, ¿qué harías tú ahora?

domingo, 30 de agosto de 2015

Ansiedad


[Estoy intentando encontrar las palabras... que te cuenten lo que me pasa] O algo así, con los aeropuertos vacíos y sólo la sensación de ida. Sin vuelta. Aunque nunca nos conozcamos, siempre serás Horizon. La curiosidad mató al gato, sí. La complejidad, el hermetismo y todos aquellos traumas callados. Yo también tengo los míos, aunque no sean comparables. Pero es curioso encontrar el feeling. Para lo bueno y para lo malo. La insociable sociabilidad kantiana, también. No somos tan diferentes, aunque no me guste Sants. Aunque haya saltos de Kierkegaard. Miro de nuevo el móvil. En realidad no sé porqué escribo todo esto. Por buscar las palabras, por encontrar algo más que la fría pantalla. Por no encontrarte de otra manera. La maldita inquietud. Tampoco hagas demasiado caso. En realidad nada tiene demasiada importancia. ¿O sí?

jueves, 25 de junio de 2015

Algún día te despiertas



Deconstruirlo todo. Todo ha valido la pena hasta ahora, pero ya no sirve. No de esta manera. Empezar de nuevo con todo ya hecho. Y todo por hacer. Ahí vamos, ahí estamos. Poner otra primera piedra, sobre todo aquello construido. Construido a trompicones y torpemente. Pero, de alguna manera, firme. Al fin y al cabo, es todo lo que soy, es todo lo que estoy siendo; es lo que me mantiene en pie. Sí, sé que me repito en espirales. En el fondo nada cambia tanto. Quizás sea el matiz. Quizás, quizás, quizás... Lo tienes todo bien amarrado, pero algo se pierde. Algo que aún no puedes definir, que no puedes acotar, algo que se escapa. Casi estaba ahí, entre los dedos, entre los huecos. Algún día te despiertas...
... y quieres hacer el amor.

domingo, 21 de junio de 2015

Desnudarse



La total incertidumbre. No atosiga pero desasosiega. José González intenta amansar la inquieta quietud. Debería parar un rato. Un rato de real reposo en todos los sentidos. Pero la marea grita y yo aún oigo. Se me duermen las manos, noto el hormigueo como recorre mis brazos hasta las puntas de mis dedos. La punzada que cruza el nervio espinal. Mi cuerpo me grita y mi mente no quiere oírle. Todo va siguiendo, sí, esas malditas inercias y mi manía de dejarme llevar por ellas. Pero el ancla sigue. Los encantadores lastres que te cogen por los tobillos y te recogen el corazón. Ese pasado que no quiere pasar, esa memoria que recuerda demasiado. Ese futuro que se difumina por momentos. Soñé en tener una casa contigo. Me imaginaba cada despertar, cada desayuno. Incluso proyectaba esa inmensa biblioteca que llenaríamos juntas. No, no puede uno retroalimentarse de lo que ya no va a ser, de lo que no va a ser porque uno mismo no ha querido o podido tener. Sólo necesito que te recoloques en otro estrato, que yo te ponga en otro lugar donde no obstruya la vía de acceso. Que tu sombra no enturbie todo lo demás, sin que conscientemente me dé cuenta. (Des)quererte de otra manera. Creo que hoy ya me despido de ti. Me despido de esa otra manera. La inquietud y la incertidumbre van a seguir ahí, pero al menos habrá una vía libre de emergencia.