jueves, 31 de julio de 2008

El arte de amar


Si ya lo decía Erich, amar es un arte no un "tropiezo". La contingencia nos da la oportunidad, lo demás corre de nuestra cuenta. Torpe. Muy torpe. No sé si es mi hipersensibilización o nuestro choque de corazas. O la astrología. Todo ésto no lo sé, pero lo demás lo tengo muy claro.


domingo, 27 de julio de 2008

Estoy intentando encontrar... las palabras.

Es como si las palabras pesaran. Como si al decirlas cayeran tal que lápidas inamovibles, sin derecho a rectificar. Buscar el término idóneo, la frase que conjugue el pensamiento concreto que te atraviesa. No, no es nada fácil. Supongo que por eso nació la metáfora y la poesía, pero yo por desgracia, no ando dotada de ese arte. Y no juzgo tu pregunta, castigo mi falta de respuesta.

A falta de ello me valgo de vagos puntos suspensivos. Lo peor de la ambigüedad es quedarte con la interpretación equivocada. Y de eso, estoy más que hastiada. A veces buscas hacer las cosas tan bien que te quedas corta. Ya no sé si prefiero pecar por exceso o por defecto. Igual tienes razón y ando buscando lo que ya está siendo.




jueves, 17 de julio de 2008

Las pupilas refractivas



Mis pupilas aún permanecen dilatadas. Ese mejunje oftalmoscópico que agranda la profundidad de mis ojos hasta hacerlos insondables. Pero se puede llegar más lejos. También podría ser mentira y simplemente venir de una rave o que mi corazón se asome ente mis ojos. Decide tú, hoy no lo veo muy claro. Ver no sé, pero sentirlo, todo. Dicen que todo lo que sentimos se refleja en esa pequeña circunferencia.

lunes, 14 de julio de 2008

Ciudad insomne


La noche no me deja dormir. Ni la ciudad con sus llantos de sirena de asfalto. Quizás sea la luz que se filtra sin permiso entre las rendijas de las contraventanas o puede que simplemente el calor que se pega a la piel que se pega al colchón. O la naturaleza hambrienta con su zumbido incansable y obstinado. Ni siquiera el mundo onírico reposa laxo algún segundo, como si tuviera que vaciarse por completo, apresurado, a veces turbio, a veces diáfano y refinado. Pero siempre en color, siempre demasiado vivido, traspasando todos los estratos que se esconden tras el párpado abierto. A ratos el libro lee, a ratos la pluma sigilosa y al acecho como si, en cualquier momento, asomase la suculenta presa que nunca aparece. El balcón frío de piedra y de charcos pretéritos pero cálido de olor blanco sureño, que evoca esas raíces innegables pero lejanas. Y así, las horas cambian de dueño. Y así, participo de ello. La noche no me deja dormir, pero he de reconocer que yo, a veces, tampoco le dejo dormir a ella.




Sonó en algún momento: Tricky - "My mermaid"

domingo, 13 de julio de 2008

Revival adolescente


Retomar la adolescencia. Sin ciclotimias ni oscuridades, sólo con la capacidad de sorprenderse y de vivirlo todo como nuevo, como por estrenar. Sentir el rictus sonriente en las pequeñas acciones, como un tic perenne y delicioso. Buscarte en todas las señales de humo ancestrales. Quizás por ésto recuerdo la primera vez que te vi, sin conocernos. La torpeza incipiente, entrañable y recuperada.

Ahora podría comerme el mundo a pedazos. Con las manos, sin importar mancharme la camisa o la comisura de los labios. Los labios que tiemblan de pensarte, tan tímidos y contenidos, tan llenos de todo lo que la sed achaca. Que el tiempo se realentice hasta parecer que se detiene. Hoy no me importa hacer rebrotar cursilerías.

Mis pupilas refractivas parpadean con tu imagen.




Sonaba: Gentle music men - Universe

lunes, 7 de julio de 2008

Puntos de inflexión y luciérnagas diurnas.


Despojarse de todo. Mi cara ya no tiene heridas aunque sí cicatrices. Matar al ego con la conciencia. Todos mis yoes están aquí, ahora los veo, ahora los discierno y vislumbro donde está el original de las copias, de los condicionamientos y fantasmas, de los miedos y espejos. Sí, otra contingencia me ha despertado. Saber hacer caso del instinto cuando es necesario. Me alegro de haberte encontrado ante tantas miradas vacías.

Y también tú, mi pequeña luciérnaga. Ahora te diría las cosas que no he dicho a nadie. Aunque no seas tú pero por si lo fueses. Me embriago con sólo oler el vino. Y lo prefiero así. Abusamos tanto de nuestros placeres que los destruimos con nosotros. Lo dionisíaco también necesita de lo apolíneo pero no como antagónico si no como complementario.

Estoy contenta de este nuevo punto de inflexión que no se dirige a la concavidad si no a la convexidad. No podemos ser lobos esteparios, al menos demasiado tiempo. Sólo como desintoxicación, como depuración de la esencia. Pero queramos o no, somos lobos sociales.

Aprender a hablar, de nuevo. Sin conceptualizarnos, las definiciones no van a salvarnos pero sí nosotros mismos. La palabra sensible.


Sonaba Goldfrapp - "Some people"

jueves, 3 de julio de 2008

Juegos, filosofía y amores desacompasados.


Yo juego, Tú juegas, Todos jugamos. Aunque los destiempos parecen inevitables. Como el abismo de un compás en anacrusa insalvable. Dicen que nunca es tarde (si la dicha es buena), pero no creo que sea un refrán plenamente factible, al menos en los casos más importantes. Eso también ha sonado bastante relativo. La relatividad no nos da ninguna certeza pero es lo que más se aproxima a muchos estratos de la realidad.

Casi me recuerda a una de las aporías de Zenón (¿era la segunda? ¿la tercera?), la de Aquiles y la Tortuga. Parece obvio que el querido héroe alcanzará a la tortuga, ésta última especie no suele brillar por su velocidad vertiginosa. Pero resulta que cuando Aquiles alcanza el punto en el que ésta se hallaba, la tortuga ya ha avanzado. Así, nunca se encuentran en el mismo punto, el tipo conocido por su punto débil nunca la consigue. Está claro que hay mucho alegatos que revientan esta tesis pero prefiero dejarlo en aporía, me resulta más gráfico.

Yo ya estoy en el tiempo fuerte, tu sigues en el débil. Quizás sea al revés, pero la cuestión es que formamos una síncopa perfecta. En realidad sólo somos un contratiempo. Cuando parecía que las dos íbamos a caer a tierra, por fin, alguna cambió de beat. Llámalo Ley de Murphy o simplemente Ley de Vida.

Y ahora nos damos cuenta. Me invitas a casa, no voy a quedarme a dormir. Al final me quedo pero no puedo dormir porque tengo la cabeza en otra parte. Al menos sé donde está.

Estaba ilusionada de poder vivir aquel retazo de pasado que se quedó colgando, oscilando de miedos e indecisión, temblando de lujuria y juegos triangulares. Pero tanto vaivén me ha acabado mareando. Dicen que nos mareamos porque perdemos de vista un punto fijo, a saber, la tierra. Creo que yo ya he encontrado el mío. Y de nuevo, tampoco coincidimos.

miércoles, 2 de julio de 2008

Contingencia


Como enamorada de una contingencia. Una contingencia casual. Ésta sería a las que Marquard llama "por arbitrariedad" pero que, a mi parecer, acaba siendo "por destino". Como el mismo nacer, como la muerte. Casual pero con el deseo contenido de cuando ella misma se hizo contingencia por primera vez. Cuando aún no había palabra. Cuando no éramos lo que somos. Es curioso pero casi empiezo a creer en la Ley de Atracción, tergiversada y curiosamente adaptada. Eso sí, no vuelvas a sonreír, por favor. LLevo tres noches sin dormir.

Intentaba recordar la primera palabra o al menos el tema que nos hizo tomar ventaja esa noche. Simplemente para estar agradecida. O para que dentro de esta locura, poder sostenerme en alguna vocal o consonante. LLevo tres días sin poder pensar.

Empezaba a asomar el pánico por el cuello de mi camisa. Esta tarde acudí temblando como una adolescente. Me peiné el flequillo en el retrovisor de un coche aparcado. Me senté en el banco. Me acordaba de algún gesto, leve pero concreto. Como un parpadeo intermitente. Eso de mi estómago no es hambre, lo juro. Me sentía tan idiota que aún me sonreía más. Lo prefiero así. En realidad casi no importa a dónde vayamos hoy o si no volvemos a ir a ningún sitio. Sólo poder sentir ésto hace que el pánico se vuelva a mi bolsillo. Aunque prefiero que si hay próxima vez, no te engulla el último metro.