miércoles, 27 de agosto de 2008

Intento alético





















Este es mi último intento alético.
No espero que nadie lo entienda,
tampoco espero que nadie lo intente.

Esa no era mi intención,
mi intención es alética
y el intento es mío ahora
que no en vano constituye
la última catarsis antes del principio.

Luego todo seguirá igual,
como antes
pero diferente por completo.

Yo no habré cambiado en absoluto
pero habré dejado de ser yo.
Puede incluso,
que no me reconozca al mirarte en el espejo
ni tú al yo reflejarme.

O puede,
que el zapato derecho no me entre ya
y el izquierdo se tambalee
alrededor de mi pie desnudo.

No importa.

Si gorgiamos todo lo que digo,
en este momento,
sólo será un intento fallido.

Ni la realidad volverá a a palabra
ni ésta a la verdad.

martes, 26 de agosto de 2008

Noches que son amaneceres


Esta noche me va a volver a dar el amanecer. Ya son las cuatro y mi nuevo horario de sueño no creo que me deje caer en la horizontal demasiado pronto. Hoy al menos no toda la culpa la tienen las divagaciones filosóficas baratas, esta tarde-noche he salido de casa y he ido al cine. Aunque he de reconocer que una vez que te adentras en la cueva esteparia el exterior empieza a carecer de interés. O al menos casi todo.

Vestirte medianamente aceptable, coger con ansiedad el metro abotargado. Ruido. Más ruido. Un libro de Nietzsche sobre los preplátonicos y Cuchillo sonando bien fuerte. Llegar al epicentro neurálgico de Barcelona y desear llevar el bolso lleno de dinamita para hacerlo estallar en pedazos. El bolso no, el centro. No suelo ser tan radical, sólo a veces, por suerte. Pausa.

Cerveza tranquila en bar moderno. Poca conversación, cada una en su globo propio. Prisas por coger buena butaca. A mi en realidad me da igual, hoy no tengo prisa ni por respirar. El caballero oscuro nos acoge en sus alas durante dos horas y media. ¡Diosa, dos horas y media! Yo notaba que se me hacía un pelín larga la película y que mis piernas se empezaban a entumecer por no decir lo que le sucedía a mi vejiga, pero he flipado bastante. Y más porque ya no hay metro de vuelta y tengo la cabeza en tal nube, que se me hace impensable llegar hasta Plaza Cataluña para coger el bus. Al final no es tan grave y en apenas media hora estoy en casa. Eso sí, me he quedado con ganas de al menos poder darte un beso. Y sé que hoy soñaré con el Joker (jodidamente espectacular) y sobre todo con el personaje de Dent ya sin la mitad del rostro.

LLegar a casa y poder tener un rato de conversación en el salón. Conflictos bélicos, la credibilidad de los medios de comunicación, la evolución de mi disertación, entre otras cosas. No tengo sueño así que decido seguir con ella. Liquido el tema de la poesía y tragedia griega en unos párrafos y me sirvo una copa de vino blanco. Me gusta tinto pero no queda, igual consigo educar mi paladar entre otras cosas.

Ahora escribo esto, para nadie en especial. Aunque tengo ganas de compañía, de explicar estas banalidades apoyada en la cama mientras me termino la copa. La gata esteparia no siempre es solitaria.

lunes, 25 de agosto de 2008

Nicanor Parra y la antipoesía


LA MONTAÑA RUSA

Durante medio siglo
La poesía fue
El paraíso del tonto solemne.
Hasta que vine yo
Y me instalé con mi montaña rusa.

Suban, si les parece.
Claro que yo no respondo si bajan
Echando sangre por boca y narices.


De Versos de salón (Santiago, Nascimento, 1962)

Safo de Lesbos y la poesía griega


El peso que dejó la poesía griega llena de mito y de ethos educativo, de areté homérico, del valor de la diké hesiódica, quedó de algún modo liberado por la autoafirmación de la intimidad humana de Alceo, de Safo. El círculo sáfico y la concepción educadora de la poesía. El eros sáfico y el corazón entre las manos. Dejando de lado a que sexo pertenezca.

En mi sueño cerca se me aparece

tu graciosa imagen, sagrada Hera,

la que los ilustres reyes Atridas

vieron con ruegos;

pues llegado el fin de la empresa de Ares,

junto al Escamandro voraginoso,

no pudieron ir desde aquí sus naves

hasta su casa

sin hacer ofrendas a ti y a Zeus

y al amable dios que engendró Tiona.

Sacrificios puros te ofrece el pueblo

hoy como entonces:

las doncellas traen un hermoso peplo

y a tu altar se agrupa junto con ellas

la apretada fila de las mujeres ...

Acción - reacción. Ponerte a estudiar Historia de la Filosofía Antigua y liarte más con una pequeña disertación que con el temario en sí. Y de ahí una concatenación de ideas. De una cosa a la otra, hasta acabar hablando de arte y filosofía, y de educación en la poesía y música griegas. Lo bueno es ver dentro las ganas, la motivación adormecida que despierta. Aunque puede que sólo dure esta noche de duermevela. Y ya son casi las cinco...

"La belleza será convulsiva o no será" (A. Bretón)

sábado, 9 de agosto de 2008

Duermevelas y desvelos


Me dormía. Me dormía de agotamiento y de vino. Me dormía de agotamiento y de vino pero me desvelé por ella. Ahora ella duerme y yo no puedo hacerlo. Por eso he puesto Radiohead bien fuerte y escribo. Por eso yo escribo ahora y ella duerme. Pienso en tantas cosas mientras ella sueña, mientras la única memoria que perdura - la música- suena inexorable. Los mismos recuerdos se evocan por propia inercia, como los círculos concéntricos que se contraen por sí solos. Se contraen y nos absorben en su vaivén acuático. Como peces que se muerden la cola. La cola, la cabeza, las aletas, las escamas y la espina dorsal. Pero sin lamentos. No. Sin lamentos, sin sangrar. Cuando todo se inunda de líquido amniótico quedamos sedados, con el hipnótico y placentero latido materno. Toc-toc, toc-toc, toc-toc... y es casi como morir. Y es como casi estar naciendo.



Cuestiones de fe


A veces parece casi irremisible creer en Dios. En realidad es sólo un momento, un atisbo. Ir en tren, mirar por la ventana y que, tras una increíble nebulosa, resurja una incandescente luz. Parece un milagro demasiado bucólico pero es sólo el contorno de nuestra realidad. Ella duerme apoyada en la ventana. Yo no la toco por si se despierta y porque respeto sus opciones. Miro hacia otro lado como para quitarle peso al segundo quieto, pero el corazón compungido sigue aguantando el aire. Sí, todo eso lo he sentido, todo eso estaba ahí en ese lapso de tiempo. Y yo he sentido el abismo en los ojos, el charco derrumbándose en los párpados. Quizás no era tan desbordante pero cuando lo epidérmico se vuelve visceral, lo estoico se queda en los libros. Y así lo inabarcable se vuelve factible, casi un juego de niños. Pero ya no somos niños y lo mejor de todo, es que ,por ese leve instante, eso tampoco importa.