jueves, 16 de diciembre de 2010

miércoles, 15 de diciembre de 2010


La suma fragilidad que brota de lo inefable. La fragilidad que paradójicamente nos hace, nos permite, sernos. Cuando del sinsentido sonsacamos lo único que realmente parece tenerlo. Pero en el justo momento, en el mismo momento en el que la acción es necesaria, todo se hiela. Será el frío de este invierno que se atreve a asomarse, con su sonrisa quieta, como avisando de nuestro propio cambio climático. Otra ciclotimia más. Siempre pensando que será la última pero es jodidamente parecida a la primera. Y te sientes en regresión aunque nos sabemos espiral. O eso creemos pensarnos. Ya no sé si queda espacio para pensar. Pero si la palabra viene primero, igual aún queda algún lugar donde creerse. Ahora es momento de que todo se silencie y entonces abrazarte y decir que todo esto pasará, que llegará el deshielo y la primavera, y eso de ver crecer la hierba y florecer los cerezos. Ahora no sé si funciona con tantos fantasmas sobrevolándonos, con tanta incertidumbre vital - y hablo de vital en todos los sentidos - con tanta sensación de estar en el momento equivocado en el lugar equivocado. Te marchas a una batalla, yo sigo aquí con la mía. Lo peligroso del bailarín en su sinfín de vueltas es pensar que su punto fijo se mueve. Y yo temo la estrepitosa caída.


Aún así te seguiré cantando nanas.