jueves, 23 de febrero de 2012

Y ahora

Cae el revés de la noche,
de nuevo todo huele a humo.
Parezco débil, ¿soy débil?
¿Cómo el asco puede atraer?

Debatiendo sobre el hábito,
sobre la costumbre,
sobre la moral.
Debatiendo sobre
el movimiento natural de la moral.

Mi moral natural.
Natural pero llena de adquiridos.
¿Qué moral me queda?
Aún no hablo de política, no.
¿Pero acaso he comenzado a hablar de moral?

Aunque a todos os parezca
un debate vacuo y artificial,
en realidad el combate es otro.
Mucho más interno e intrínseco.
Mi pequeña lucha
(como la de todos)

De nuevo (y otra vez)
un deshacerse por completo.
Las noches en blanco,
las frases reiteradas,
las palabras no dichas,
las acciones nunca llevadas a cabo.

El continuo devenir
y no heraclitiano.

La sangre de Cristo
sin ningún santo de por medio.
Todos culpables de nada.

las ganas de desaparecer
sin aún haber aparecido del todo.

Sí, de nuevo
la ambivalencia del fuego artudiana.

Es complicado
que se confunda el amor absoluto a la vida
por el completo pesimismo.

Es complicado discernir
de lo que realmente te aferras.

Por ello se agradece escribir sin pensar
pese a que siempre estemos pensando.
En realidad lo que se agradece,
es escribir sin corregir(te)
para saber qué es lo que realmente piensas.

Siempre deformados por las formas.

Siempre siendo sin llegar a ser
como si lo único que nos quedase es esa simple potencia
que en realidad lo puede ser todo.

A veces decir(se) obviedades es necesario
porque se acaban olvidando.

Escribir(se) públicamente
como acto egocéntrico necesario.

A la espera del sueño calmo.