miércoles, 28 de noviembre de 2012









27 de Noviembre

¿Cuándo y cómo sabes que algo ha terminado? ¿Cómo tienes esa certeza, clara y distinta, de que realmente es así, que tu maldito estado de ánimo ciclotímico o ese abrigo de pesimismo perenne, no hace tergiversar las cosas más importantes? No, a veces no se sabe cómo dilucidarlo. Aunque lo intentes con todo el peso del mundo, “que es Amor”. Cómo cometer el mayor error o hacer el gesto correcto. Y todo en un mismo momento. Como si todo lo buscado llegara tarde, que cuando justo llega, tú ya estás en otro beat y no puedes recuperar el tempo desacompasado. Pese a lo que pesa, pese a lo que duele. Y siempre te sentirás culpable e inútil. ¿Y si...? Pero ese “¿Y si...?” ya ha danzado por tu cabeza antes. Cuandosientesquetehasvaciadoporcompletoenuninstante. Y entonces te vienen arrebatos de lo soñado, de lo cotidiano, lo pequeño y concreto de aquello que te crea un hiato de calma, a saber, una casa, un despertar, un desayuno. Una rutina o toda una vida. Y ahora sólo suenan crujidos, ya no de estertores, sino de pasos quietos y rotos, de pensamientos descolgados e hilarantes. Al final, parece que todo lo que escoja siempre sea la respuesta incorrecta. O no. Y lo peor no es la pena, lo peor es la rabia. La rabia porque todo no haya sido como pensabas, como lo onírico de los mundos comunes creados sin verbalizar. Ya no sé si es el miedo a afrontar todo eso, que ya no era una contingencia sino una necesidad, o darse cuenta de que esto último ya no era. Ahora sólo queda Tiempo, todo el tiempo del mundo, que es infinito y eterno. Todo el tiempo del mundo para mi y todo lo que conlleva. Tiempo al tiempo, tiempo al mundo, el mundo a mi.


martes, 20 de noviembre de 2012





Reminiscencias. Siempre volviendo atrás. Ya no sé si para impulsarme o para reventarme contra el suelo pasado. Ese acuciante etilismo melancólico. Sin ganas de pensar. Pero pensando demasiado. Como en la cinta de Moebius, dando vueltas, cambiando de rumbo pero sin hacerlo. Busca, sigue buscando; encuentra, sigue encontrado; pierde, sigue perdiendo. Me pongo los cascos para no hacer ruido mientras pienso en la noche. Escribo entre vaivenes sinsentido. No importa. El sentido viene más tarde. Y si no viene tampoco lo echaremos de menos. Sola entre estas cuatro paredes abiertas. “Killing for love” de José González de fondo entre los oídos. Todo se sigue escurriendo, sin quererlo. El frío cala los hueso, la mente se despierta. Como esperando algo. Ya no sé qué hago con mi vida, sólo guiándome entre esos malditos círculos concéntricos que nunca me abandonan. Sólo yo me dejo llevar, a veces. Los hiatos de respiro. Nos han engañado siempre, la verdad no está ahí afuera: la verdad se inventa. La verdad no existe. Y, con ello, nosotros tampoco en ella. O sí, nuestra verdad.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Y más bla bla bla

A veces suceden contingencias que te hacen verte con la distancia. Releerte y reescucharte tras tiempo en silencio. Y te da vergüenza. Te reconoces, pero no de esa manera, o al menos, no te gustaría reconocerte así. Pero no puedes renegar de ello. Eso es lo que eras y de alguna manera sigues siendo. La esencia sigue siendo la misma. Y te da pena no haber hecho otra cosa, o poder decir algo elocuente ahora. Pero siempre las ganas de tocar fondo, de destruirse como para ser, como si al ser puro escombro se fuera a topar con uno mismo. Y eso mismo a la vez fuera deleznable. Y de nuevo la terrible ambivalencia tan reiterada entre mis palabras. Pero no se desvanece, como el todo o nada, como la nada y el todo. Posiblemente de eso ya no pueda huir, como una marca genética, como una mancha de nacimiento. Entre el autoconocimiento y la autodestrucción, como las dos caras de la moneda o la misma mal comprendida. Todo brilla con tal intensidad y oscurece al mismo tiempo. Tanta palabrería sin sentido y tanto por hacer.

Y más mierda.