miércoles, 3 de diciembre de 2014

Cuentos de cuando era adolescente


El humo te despista. A mi me mata. De otra manera. Sólo tengo el recuerdo latente de ti acercándote a mi oído. Tú sólo vestida con esa fina toalla, esperando a que la ducha estuviese libre. Yo sólo esperando morir tras la peor resaca de mi vida. Me besaste cerca del oído mientras susurrabas que ahora volvías. “Yo no pienso moverme de aquí” te dije. Y ya no sé si por la espera o por que mi cuerpo decidió ponerse en huelga. "Yo no pienso morime ahora" pensé para mis adentros. Ese momento quedó en loop durante demasiado tiempo. Tiempo que supongo que no valía la pena. Luego todo se hizo extraño. Como volver a los 12 años y tener tu primer encuentro. Mi timidez se revolvió y hasta me sentía estúpida. Ver una película a tres y buscar tu cuerpo entre recovecos. En realidad resultaba demasiado obvio. Acabar la película y no saber si debía terminar en tu cama. Reírnos y tumbarme al lado tuyo. Igual demasiado grandes para rodeos pero rodeándonos. Abrazarte con todo mi cuerpo sin saber qué hacer. Como por primera vez y acabar en tus labios. Extraño, no hubo más. Eso sí que fue extraño. Pero debía ser así. Pero esa imagen sigue viniendo. Como exhaladas. Y me sigue perturbando.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Cum clavis


Elecciones, sí. Siempre tenemos elecciones. Toda la razón. Elecciones que son prioridades. No. Igual, a veces, es al revés. Tú has sido siempre mi prioridad, pero no siempre mi elección. Hoy te he elegido. Pero eso ahora parece que importa poco. Como que casualmente suene Bon Iver. Y seguramente esta noche tampoco duerma bien, aunque no sea por el mismo motivo. Demasiada intensidad del pensamiento de chocarse con otros. Cada vez más pequeña. Lo de perderse ya ni cuenta. Lo de encontrarse ya se pierde. Puede que tengas razón, puede que no sea Barcelona. Siempre es uno mismo. Pero esta ciudad aprieta y ahoga. Y no tengo metrónomo que se acompase. Una huida hacia delante, como ya cantan algunos. En realidad es volver hacia atrás. Deshacerse en los pasos, rectificar al revés. Volver a lo sencillo, a lo ancestral y primitivo. Donde el Sol marca al reloj y no al contrario. Donde todo recobra el sentido original. Una hermenéutica  de la vida. No, no me gusta la muchedumbre. Ni sonreír cuando no lo siento así. Aunque pueda ser mi alter-alter ego. La ficción siempre está ahí. La ficción que a veces es nuestra auténtica realidad. Pero solo a veces. Luego queda la fisura. La fisura del abismo real. Lo invisible que se hace visible. El autor que se apodera del personaje. Que le da nombre. Que le da su nombre. Bueno, supongo que son las pegas de vivir en la contradicción, en la absoluta ambivalencia. A momentos te quedas en punto muerto y la palanca no cede. No es equilibrio, no. Son tablas de fuerzas. Y ahora te echo de menos. O echo de menos esa quietud que antes odiaba. Esa calma que me ponía nerviosa. Si, siempre hacemos elecciones. 

viernes, 7 de noviembre de 2014

La noche




La escritura automática nos va a salvar
como un mantra continuo y disléxico
no vale corregirse
no sirve de nada rectificarse.
Sinsentido y con porqué
sólo (y aún mantengo ambos acentos)
con la luz cenital de la luna
en mi balcón
y un cigarrillo que se fuma
como si fuese droga de contrabando.
¡Qué extraña felicidad!
Sí, a veces es muy fácil
a veces
es
tan 
fácil.
Faltan voces calladas
que resuenan en ecos
en mi cabeza
en la belleza
de ellas mismas.
Noches que se inflaman
contagiadas de Stendhal
pero no en rojo y negro.
Noches...
¿dónde estás?
¿por qué no vienes conmigo?


miércoles, 5 de noviembre de 2014

Hace un frío que lucida
y vienen los placeres que son vicios
que son vicios porque di(s)lucidan
la lucidez
apaciguandola
haciéndola mansa y distendida
como un pequeño gorgoteo
del alma
o lo que sea eso.
Dosificar el cloroformo
el vicio
el placer
anestesiar la razón
dar otro pensamiento
otro tú
ser otro yo.
La voz al otro lado
lejoscerca
yo

todas nosotras
todos nuestros yoes.
Dejarte caer
en la quietud inquieta.
Mañana será otro día.
Ahora aún hace frío.

viernes, 5 de septiembre de 2014

La memoria del olvido


Hacer del olvido una memoria
que alimenta el hambre
y los huecos que resuellan.

Aferrarse al último hálito que perdura
con incipiente emergencia.
Como aquel que busca en la caída
el origen de su propia existencia.

Hacer del ocaso un albor
que contrae las pupilas
hasta cegarlas de palabras.

Encontrar, en la inminencia del desastre,
la voz que inventa el lenguaje
aquella que, como la materna nana,
te mece y devuelve a casa.

lunes, 21 de julio de 2014

Eivissa



Serpenteando carreteras ibicencas. The Smiths sonando bien fuerte. El viento en la cara, azotando. Todo el tiempo del mundo (como si así lo fuera) por delante. Una extraña felicidad incipiente y creciente, entre miradas. ¿Era todo tan fácil? Quizás sí. Aunque sea sólo eso. Sólo eso y tan inmenso. Tan intenso. Dejar envolverse sin más. Dejarse llevar. Compartirse hasta el máximo extremo. ¿Para qué dejar algo atrás? ¿O por qué no dejarlo todo? Respirar hondo y fuerte, levantar la cabeza. Sonreír al aire, estirar los brazos. Sentir ese extraño hormigueo olvidado. Sonreír de nuevo. El paisaje deslumbrando a ráfagas, los ojos perdidos entre él. Podría morirme ahora, pienso. Lo mejor es que justo por eso no  quiero. El mar, siempre el mar. Y tú ahí. Como casi una casualidad. Tan casual como real. Y entonces todo da igual. Sólo las pupilas pueden hablar. Y el vaivén del mar. El vaivén. Ese meceo incesante. El abrazo del sol fundiéndose en el mar. Surcándolo todo. No querer volver a pisar la tierra. No volver a tierra firme. Todos los lugares posibles, ninguno de ellos basta. Incluso compartidos. Sin mirar ni hacia atrás ni hacia adelante. Sólo ese punto fijo, profundo y callado. La pupila y la sonrisa compartida. Y el abrazo de(l) mar. Y...

domingo, 27 de abril de 2014

CERRADO POR DERRIBO

Soy una gran decepción. Mi gran decepción.

jueves, 3 de abril de 2014

Tiempo al tiempo



Parece que a medida que pasa el tiempo, uno se acerca más a aquellos de los cuales se ha alejado. Involuntariamente. Ambos movimientos, digo. El tiempo. El tiempo, evidentemente, no hace nada. Sólo sigue su curso impasible. Impasible. Pero uno ya no puede quedarse impasible ni inerte. Te sientes enganchado a algo que ya no quieres pero de lo que has formado parte. Parte de lo que eres. De lo que en alguna manera sigues siendo. E intentas escurrirte de esa espiral viciosa que te hacer ser de otra manera porque te recuerda quien eres. No sé si es la ansiedad o los treinta que se asoman a la vuelta de la esquina. O ambas cosas y un poco más. El guantazo de tener algunas cosas claras, más bien. O al menos más claras que hace un rato. Desvestirse sin tanto miedo. Estar sola y tranquila. Retomar todo aquello anquilosado. Aquello en lo que realmente te reconoces. Porque es realmente jodido no reconocerse en nada de lo que rodea. Sentirse un completo extraño. No aguantar la mirada o preferir mirar hacia otra parte. Y es entonces cuando ves claro que es el momento. Ya no valen más excusas, ni ante uno mismo ni ante nadie. Lo siento si la decisión no es del agrado. Más lo sentiría no tomarla.