jueves, 8 de enero de 2015

Nuevo año, otra vez.


Llega el nuevo año. Y todas esas promesas que este año no hice. Por primera vez. Que no hice para no incumplirlas. Para no sentirme de nuevo culpable. Y parece que, al no ser(me) obligada a ellas, pueden ser(se). Eso ya se verá. Eso ya lo veremos. Con el tiempo te das cuenta de que hay cosas que no cambiarán. De algún modo u otro forma parte de ti y, también, de un modo u otro no quieres cambiar. A la mierda los rituales y las buenas palabras. Que vengan los hechos, hechos a golpe de esgrima. O a golpe de hacha. Pero que vengan. Va a ser el año de la acción, de no quedarse quieta. Es ahora o nunca. Y no es que se acabe la vida, es que se acaba las ganas. Algunas ganas. Te sientes vieja, de alguna manera. O mas bien cansada. Y piensas en lo que adoras tu vida y en lo que tu vida es. No. Yo no me esperaba esto. La vida es mucho más que esto. Y lo piensas en serio. Apartando todas las mediocrideces que (me)nos envuelven. Esto no es lo que quería. Y te viene el pensamiento de fuga. De fuga leve y furtiva. Solo como un leve lapso de descanso ante la toxicidad de esta Barcelona que se apaga pero te quema con ella. Aún me queda tiempo aquí. Cerrar bridas, acallar voces. Luego ya veremos. Luego, ya veremos.