Ella ha llegado.
Me he quedado suspendido. El Príncipe agacha un poco la cabeza y asiente.
Hemos brindado por mis silencios. Calla porque, a veces, ninguna palabra parece salvarnos.
Ya no fumo, bebo menos. Se ha tomado una copa de vino para desquitarse del verbo.
Sólo otra autoescisión interna, quieta.
Extraña sensación la de vaciarse con todas las grietas cerradas. Es la sala de espera, el tiempo necesario. El tiempo de.
Quedarse rondando el reino hueco, solapado con todos los ruidos de nuestros besos. Que no eran pocos.
Te espero. Te espero con toda la paciencia que quieras permitirme.
"El centro del mundo es que a tí también te pase y que me lo cuentes"
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Unos pocos días delatan el tembloroso pedacito de carne desgarrada. Qué negligencia sublime la que habló imperativa desde tu cama… y rompió cristales para abrir ventanas. Incluso el rojo exultante y explosivo de las fresas parecía entonces inofensivo. Luego los besos se tornaron profundamente crédulos en una utopia impertinente.
ResponderEliminar¿Qué perdón merece una princesa que se descubre muerta y princesa al mismo tiempo? Parece que quiere pedir algo, así lo indican su gesto, su mirada y su pulso… ah, pero se encoge su valentía tan impetuosamente como su amor desborda silencios.
A la luz de una vela, soñando entre paredes frías, apretará los dientes para que las palabras no huyan antes del alba. Si la despiertan dirá, en la narcosis de la ilusión catatímica, que un príncipe de ambigüedad felina la ha desposeído con una simple caricia.
No sé de dónde ha llegado, pero no me había dado cuenta de que hace algún tiempo había escrito alguno de sus posts.
ResponderEliminarAunque aquí esté todo oscuro.
Esta invitada cuando quiera a the twilight zone. Creo que nunca molestaría.
Ten cuidado con la espera. En las manos equivocadas puede ser un puñal de doble filo.
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