martes, 27 de agosto de 2013

No, en realidad no quiero hablar ahora




No, en realidad no quiero hablar ahora. No quiero decir nada. No quiero verbalizar todo lo que pasa por mi cabeza en este momento. Voy a dejar que pase un rato, que macere. Que repose hasta que cambie de estado y se haga sólido. Tan sólido que pueda construir algo con ello. Un ladrillo encima de otro sin ser pared. Con las propias manos desnudas. Sin ser nada en concreto. Hasta que la fisura tome conciencia de ella misma y se dote de sentido. No, en realidad no quiero hablar ahora, pero las palabras se empiezan a amontonar, sin quererlo, pisándose unas a otras. Como un dolor sordo que no sabes bien de dónde proviene. Más que dolor una especie de melancolía que saluda a ratos: “¿Te importa si paso?”. No, los contextos no hacen, el ser-se es cosa de uno aunque el envoltorio arañe. Igual vuelve la contingencia. O puede que la necesidad disfrazada de ella. Se hace extraño no encontrarse en el reflejo. No, en realidad no quería hablar ahora.

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