
Ya se oye el rechinar
del gigante de los huesos de óxido.
A paso lento y pesado
acompasado y pausado.
No le temo, no
Pero es una espera sin atmósfera
como hecha de nudos
y de rieles retorcidos.
Ya se oye el crujido seco
de aquello que ya no es
pero que fue en algún momento.
Y las horas se han desplazado de sitio
Y los días se descuelgan del almanaque.
Las baldosas tiemblan
Los cristales estallan hacia si mismos.
Con el estómago dado vuelta
y lleno de ácido.
Pero ni el ácido puede desvanecer
todo lo inefable.
En la antesala de espera
Espera de lucha
o de rendición.
Foto prestada de: http://www.flickr.com/photos/jaquemate/369368298/

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