Ayer fui a terapia con A. Como siempre, salí muy removida. Me acercó a casa y me recomendó que caminase un rato. Apenas pude andar cuatro calles, notaba el cuerpo desfallecer. Cené ligero y me acosté. He dormido 10 horas casi del tirón. La ansiedad ya no lo acapara todo y, entonces, deja asomar otras emociones. Pero la rabia sigue. Desde la primera sesión hace ya unos años - aunque apenas hemos tenido unas 4 - ya me lo dijo. Esta vez noté tristeza, plexo, zona umbilical. La rabia no, pero es que nunca la noto. Se lo explicaba a una amiga esta tarde, mi falta de conexión con esa emoción tan perenne en mi. Tan anquilosada que ni soy consciente, que solo sale en arrebatos. Porque si no conectas con ella, ¿cómo sacarla? Es un trabajo arqueológico. Y, a veces, la mayoría de las veces, me da miedo iniciarlo. El lugar es claro pero el foco es más delicado. ¿Deseo remover todo eso? Sé que debería. Pero todo está muy bien ahora (que suele se el mejor momento). Pero ¿cómo? Lo pienso y entonces me sale la tristeza. El vínculo es claro. Creo que debo hablar claramente con ellos.
viernes, 9 de abril de 2021
Donde se esconde la rabia
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Hacía una década de esas que parecen milenios que no pasaba por mi blog y de rebote me he reencontrado con el tuyo. Una alegría ver que sigues llenándolo de vida, un placer volverte a leer e inesperadamente encontrarme con un espejo: La rabia también juega al escondite conmigo y no hay manera de encontrarla, siempre es ella la que me pilla a mí, sin avisarme antes de que hemos cambiado de juego.
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