Hace mucho que no escribo. He puesto lista aleatoria, llevo un buen rato confesando mis penas en notas de voz ante una buena amiga. No escribo porque vivo, aunque Lispector antes de morir en sus últimas páginas, debatía si eso no era justo lo contrario. La vida o la escritura. Que pena acabarla. He "hablado" mucho hoy. Pero poco contacto humano. Hay una separación que me satisface pero a veces me disgusta. Demasiado trabajo, ataque de limpieza TOC, paseo ligero. Me siento tranquila en mi intranquilidad. Quieta en mi inquietud. Mañana tengo sesión con A. y eso sí me pone nerviosa, por eso tomé algo de vino hoy. Me va a remover por completo y luego está mi promesa de cumpleaños. Como una contradicción. Tomo una copa de un vino que me regaló mi padre Bendita Pena. No sé cómo tomarlo. A sorbos. También hablé de eso. De mi padre, digo. Pero ahora no. Ahora hablo de mi, como siempre. Estoy orgullosa de mi. De a lo que he llegado. De cómo trabajo. Igual no de cómo toco, pero estoy en ello. Miro por la ventana y veo el cielo y la Torre Agbar ilumnada. También estoy contenta de eso. Mi gato no se separa de mi y duerme plácido. ¿Qué más puedo pedir? Muchas cosas que no son para mi. Que poco a poco, estés bien, que lo estarás. Confío en ello. También llegará mi calma. Me muero de amor mirando a Tristán dormir tranquilo. Eso también es felicidad. A veces no lo veo. Es más fácil. Pero cada vez más. Ya no quiero escribir más.
miércoles, 7 de abril de 2021
Otra noche más
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