miércoles, 24 de abril de 2013


Se siente maldita. Pero no maldita por sino o castigo divino. Maldita por ella misma. Por lo que hace de ella. Odia su trabajo y, pese a que sólo ocupa la mitad de su jornada, ahora mismo es lo único que hace. La universidad parece un recuerdo lejano, como los grupos, como aquello que algo le removía. También el amor, abandonado por miedo o por no entenderse ni a si misma. Ahora sólo rachas de sueño infinitas alternadas con insomnio perpetuo. Poco a poco, algunos libros que despiertan algo, algunos garabatos automáticos. No mucho más. La pereza de moverse, el hastío del amanecer. ¿Qué hace falta para volver a la vida? Igual tocar más fondo. Eso suele decirse. Hace falta valor, sí, si lo que duele es la vida. Eso, y alguna cosa más.

2 comentarios: