Como enamorada de una contingencia. Una contingencia casual. Ésta sería a las que Marquard llama "por arbitrariedad" pero que, a mi parecer, acaba siendo "por destino". Como el mismo nacer, como la muerte. Casual pero con el deseo contenido de cuando ella misma se hizo contingencia por primera vez. Cuando aún no había palabra. Cuando no éramos lo que somos. Es curioso pero casi empiezo a creer en la Ley de Atracción, tergiversada y curiosamente adaptada. Eso sí, no vuelvas a sonreír, por favor. LLevo tres noches sin dormir.
Intentaba recordar la primera palabra o al menos el tema que nos hizo tomar ventaja esa noche. Simplemente para estar agradecida. O para que dentro de esta locura, poder sostenerme en alguna vocal o consonante. LLevo tres días sin poder pensar.
Empezaba a asomar el pánico por el cuello de mi camisa. Esta tarde acudí temblando como una adolescente. Me peiné el flequillo en el retrovisor de un coche aparcado. Me senté en el banco. Me acordaba de algún gesto, leve pero concreto. Como un parpadeo intermitente. Eso de mi estómago no es hambre, lo juro. Me sentía tan idiota que aún me sonreía más. Lo prefiero así. En realidad casi no importa a dónde vayamos hoy o si no volvemos a ir a ningún sitio. Sólo poder sentir ésto hace que el pánico se vuelva a mi bolsillo. Aunque prefiero que si hay próxima vez, no te engulla el último metro.

fantastico!!!
ResponderEliminar