domingo, 16 de agosto de 2009

Noche


Otra noche
otra noche que puede medirse
en las rondas de los camiones de la basura
en la de los autobuses rapaces y nocturnos.

Hoy la soledad es objetiva
no sólo la que acude al cerrar los ojos.

En la calle
debajo de mi balcón de piedra
siguen las voces
el movimiento
las ruedas y el asfalto
el cambio como indicador de tiempo.

Aquí no.
Aquí los relojes callan
atemorizados de lo ucrónico.

Me intento emborrachar de palabras
provocándome la metáfora de la nausea.

Sí,
leía a Girondo.

Pero él tampoco me ayudó
a apaciguar el desarraigo,
el desasosiego de la noche en blanco.

Ni el calor de este agosto que nunca acaba
y que no consigue hacer arder la noche.

Sólo combustiones
internas y silenciosas.

Tanto buscar las palabras
mecerlas,
degustarlas,
para acabar estampándolas contra mis dientes.

Con su rebotar en mi cabeza
como átomos sin causalidad.

Será verdad aquello que tanto esgrimen
que lo que no se dice no existe.

Diré mi nombre en voz alta
por si acaso.

¡YO!
¡YO!
...

Y el tuyo,
el tuyo también.

¡TÚ!
¡TÚ!
...

Y recogeré todas esas palabra rotas
haciendo un rezo con ellas.
Enlazando salmos
uno tras otro
otro tras uno
hasta dormirme.

Por fin.
Entonces sí.
Sólo entonces.

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