
¿Se debe pues al hecho de sabernos finitos, de definirnos como entes temporales, esa custodia del mismo, que hace privarle de un presente efectivo? Debe ser por eso que acabo viviendo en un presente-pasado o un presente-futuro, pero pocas, muy pocas veces, en un presente-presente. Esa tediosa manía que conlleva la necesidad de invertir cada segundo en algo productivo, fructífero en vistas a un futuro que está aconteciéndose en ese mismo momento en el que planeamos, perdiendo el único momento que nos acompaña sincopado, el único latir que nos queda. Pocas, muy pocas veces, he sentido la sincronización, la verdadera sensación de que somos tiempo aconteciendo. Una de ellas es en el puro amor y otra, la más fuerte y embriagadora, en la intensidad del sexo. En su intenso seísmo. La danza del tiempo.
Si de eso se trata, no me importaría no volver a dormir para convertirme en presente continuo.
P.d: No, no olvidé el arte y la música pero creo que en el fondo ellos son hijos de lo mismo.

efectos................
ResponderEliminarde lsa sensibilidad......