viernes, 1 de noviembre de 2019

Honestidad, vergüenza.


Sí, soy tozuda. Y desde que empecé a hablar - ya hace como dos años o igual más - no escucho. Una vergüenza sublime y consentida. Eso de... todo aquello que no hablé. Mentira. Todo aquello que no escucho. Vuelvo a lo mismo. Me gusta que me golpeen verbalmente a veces para eso. Y suena Joan Miquel Oliver y parece que es menos. Pero es serio. Es un silencio que también se calla. Y tengo una mano de muñeca encima del escritorio y tantas conversaciones interesantes como para llenar libros y no este blog mediocre. ¿En que momento dejé de ser? Qué sumamente egoista. Y sé qué te hace gracia lo de "sumamente". Al final este blog es para ti. Y para mi. Como un secreto a luces. Como donde puedo confesarme sabiendo que lo sabes. Es raro ¿no? Es como si dejase de perder sentido el momento en el que hice este hueco donde expulsarme. Igual no importa, porque igual demuestra que lo unico que importa es el maldito momento, este ahora absolutamenre absurdo en el que escribo para el mundo anónimo sabiendo que solo estás tú. Sinceramente suena de casualidad Oso Leone y ya surte efecto. Solo era eso. Escupir y leerse. En algún espacio nos encontramos. Siento lo burdo de todo.

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